martes, 23 de septiembre de 2008

¿Y a qué va a Sarampa?

Contratado por una empresa encargada de la capacitación del personal del Banco de la Nación Argentina en D.O.S., Word 5.0, CCMail y rudimentos de red para el Proyecto Centenario (Sí, el del affaire IBM-Banco Nación) y después de haber dado un par de cursos en sucursales del conurbano, me toca como destino mi primer sucursal del interior.


Cabe aclarar que he cambiado el nombre del pueblo y el de la ciudad cabecera por motivos que comprenderán cuando hayan terminado de leer el próximo post.


Cagazo en mano, más la valija y el porta traje, me subo al micro un domingo de febrero a la noche, rumbo a Coronel Rampuglia ciudad ubicada al norte de Santa Fé. Una vez allí, debía hacer trasbordo para llegar al pueblo de Sarampa.


Llegado a la terminal de Cnel. Rampuglia, pido en la boletería un pasaje a Sarampa. Me indican que lo sacase directamente sobre el micro que era ésequeestaahíestacionado.


Obediente, me dirijo al micro, subo , saludo (trato de no parecer ni un poquito porteño, como nos habían indicado).


-Buen día. Un pasaje a Sarampa, por favor.


-¿Y a qué va a Sarampa?– me descerrajó el conductor.


-Ehhh…-(golpe bajo al porteño infiltrado)-Voy a dar un curso al Banco Nación.


-¡Ah, sí! Lo deben estar esperando- Contestó el conductor con una alegría (juro que no era fingida) que denotaba aceptación.


Éramos tres pasajeros. Yo me quedé en el asiento de adelante porque era un viaje de unos 30 km. Y seguí la conversación intermitente con el conductor que una vez adentrados en la ruta que unía las dos localidades me hizo notar como un guía que muestra las particularidades de una región, que el camino estaba asfaltado de una sola mano.


Ahí me enteré de que la otra mitad del asfalto se la habían robado hace unos años. Lo que leen. A ver cómo lo explico: Supongamos que el asfalto de ambas manos tuviese un costo de 10 pesos. A la hora de ejecución de la obra, aparecieron sólo 5 de esos 10. Entonces decidieron en lugar de asfaltar ambas manos hasta la distancia que permitían esos 5 pesos, pavimentar sólo una mano, el total del recorrido original. Lo que demuestra que la creatividad argentina aplicada a la corrupción es inimaginable.


A la distancia, la experiencia me hizo detectar dos tipos típicos de pueblos, a saber:




Sarampa era un pueblo no oblongo. De esos con plaza central y todo lo importante alrededor de la plaza. Que en realidad eran dos plazas.


El micro me dejó en una punta de la plaza doble.


Debía buscar un hotel, higienizarme rápidamente, ponerme el traje y salir rápidamente hacia la sucursal.


Me encaminé en diagonal hacia el otro extremo de la plaza esperando que pasase alguien a quién consultarle por un hotel, no se advertía

ninguno alrededor de la plaza. Casi llegando al otro extremo de la plaza, me cruzo con una señora mayor a quien saludo y le pregunto si conocía algún hotel o lugar donde hospedarme.


La señora me corresponde el saludo, me indica el camino a seguir y antes de despedirse, me pregunta:


-Usted viene a dar el curso en el Banco?

Le contesté que sí y me despedí, rumbo al hotel, preguntándome cómo esa señora sabía quien era. Era imposible que se hubiese cruzado con el conductor del micro… ¡Cosa e´mandinga!




Mañana, la segunda parte.



3 comentarios:

El gato vagabundo dijo...

Los pueblos tienen eso. Sopresas.

Y gente maravillosa.

lius dijo...

este..... ya paso ese día y estoy esperando la continuación.... ah!!! sabías que mañana es el día que nunca llega?....

difícil la tipa dijo...

Y cómo no iba a estar enterada la señora... me llama la atención que no te esperaran los del cable local.
Me mataste con la descripción urbanística (debe ser una deformación profesional).
Me voy al próximo!!