El próximo Viernes 17 de Octubre – 21hs estaremos proyectando The Plumber, del australiano Peter Weir (Truman Show, Gallipoli, Testigo en peligro y La sociedad de los poetas muertos entre otras).
The Plumber es uno de los primeros trabajos de Weir y corresponde al periodo de realizaciones en Australia, anterior a su partida a Hollywood.
Como es costumbre, la función dará comienzo a las 21:00 hs. y para los que se quieran quedar, luego de la Proyección realizaremos un debate sobre el Film. Ya se encuentran abiertas las reservas.
Confirmar asistencias vía mail o por teléfono al 4704-5254.
CINECLUB LUNARIA Iberá 1629 (entre Montañeses y Arribeños) – Nuñez Tel: 4704-5254 Bono Contribución $8 (incluye Vino, Tè o Cafè)
Porque es una obra maestra de un intuitivo genial como don Hugo del Carril. Porque es la “Vértigo argentina”, adelantándose al propio Hitch en el tratamiento del tema del doble, pero a la vez homenajéandolo, a través de las casi explícitas referencias a “Rebecca”.
Porque posee una de las puestas en escena más cuidadas de la historia del cine argentino, porque su dirección de arte es impecable. Y porque es inconseguible y me hice de una copia, gracias al Museo del Cine.
HISTORIAS DE TOKIO
Porque junto a Kurosawa y Mizoguchi, Ozu conforma el triángulo fundamental de maestros japoneses. Porque la historia da muestras adelantadas y agigantadas del deterioro de la sociedad a través del comportamiento de los hijos y de los vestigios de la posguerra.
Porque está filmada según el “método Ozu”, con la cámara siempre baja (a la altura del tatami) y escasos movimientos – hay sólo un travelling en toda la película -. Porque, por si esto interesara, figura en casi todas las listas de las mejores de todos los tiempos.
Las jornadas del curso discurrían regadas de mates y de cositas ricas que traía la gente o el gerente de parte de su esposa. Las sucursales del BNA son eso: familias; y con todos los condimentos de una familia común. Las cosas buenas, las regulares y las malas. Gente maravillosa que no olvidaré, que contribuyó a hacerme mejor persona y eso es para agradecer.
La sucursal estaba en obras de remodelación, por lo tanto, el quincho no estaba utilizable. Con lo cual el asadito de despedida del curso lo planearon en una parrilla en el otro extremo de Sarampa, para el viernes a las 19:30, ya que la movilidad que me acercaría a Cnel. Rampuglia para el regreso a Baires, pasaba alrededor de las 22:30.
Ese día, por gentileza de la gente y para no fallar con el asado, decidieron empezar la jornada de curso sin corte, o sea después del cierre al público de la sucursal, pues debíamos efectuar la evaluación del curso y hacer quichicientas mil fotocopias para repartir entre tres diferentes receptores. (¡Uf!)
A eso de las seis de la tardeestaba yo en la oficinita de la fotocopiadora preparando los juegos y se me acerca el gerente:
-Claudio...
-Sí, Gerente.
-Cuando termine con las fotocopias, vaya al hotel, refrésquese, prepare el equipaje y lo esperamos a las 19:30 en... (me indica como llegar a la parrilla).
-Ok, Gerente, quedamos así.
Un cuarto de hora después terminé con la tarea. Me puse a recorrer la sucursal para avisarle a quien estuviera que ya me iba.
La sorpresa fue mayúscula cuando después de recorrer cada rincón de la sucursal a los gritos de:
-Gerente...
-Contador...
-Tesorero...
Me termino de dar cuenta de que estaba en total soledad. Corro hacia la puerta principal y la encuentro entreabierta...
Volví a la recorrida para constatar mi pasmosa soledad.
¿Qué hago?, me dije. ¿Debía cerrar la puerta, apagar el aire, las pc...?
Entré en total desesperación. Para agravar mi taquicardia paroxística la casa del gerente no se encontraba pegada a la sucursal. Era a tres cuadras de allí.
Tomé coraje, me aproximé a la puerta, salí, la arrimé sin cerrarla del todo, respiré hondo y como mi castigado cuerpo de obesito tirando a obeso, por entonces, me lo permitió, corrí a la casa del gerente.
No fue mucho tiempo, pero para mi cerebro fue como un siglo. Las imágenes de los diarios del día siguiente con mi cara en la tapa culpándome del desfalco a la sucursal Sarampa del Banco de la Nación Argentina, me atosigaban.
Sin aliento, toco a la puerta. Mi cara denotaba catastrófico terror.
-¿Qué pasa, Claudio?
-El banco... la puerta... el aire... las pc... ehhh... está todo abierto y no quedó nadie... -enhebré.
Tras una carcajada que me resultó un tanto insultante, el gerente dijo:
-Tranquilo... Está todo bien. Vaya al hotel, prepárese y véngase a la parrilla que después cuando termine el asadito, nosotros volvemos a la sucursal a terminar el trabajo y cerramos todo.
No es vida.
El próximo relato de la serie Proyecto Centenario tratará sobre los caballos de verdeo.
Una vez instalado en el único hotel del pueblo, modesto, con baño compartido, aunque para mí solito pues era el único huésped, me doy una ducha rápida (el calor era poco menos que infernal), me visto con el obligatorio saco y corbata salgo rumbo al banco.
Les pido que hagan un ejercicio de imaginación visual:Pueblo del norte de Santa Fé, Enero, media mañana, pleno sol…para resumir: 1745º Celsius de temperatura y 348% de humedad.Unesfuerzo más:Un gordito rumbo sostenido a gordo, de saco, corbata, zapatos y maletín caminando hacia el BNA.
Mi entrada al banco supone un acontecimiento digno de interrumpir toda actividad dentro de la sucursal, sumiendo a todos: clientes y empleados en una especie de catatonia momentánea que los hace mirarme fijamente por cuatro o cinco interminables segundos, después de los cuales todo vuelve a una especie de normalidad que no era tal, pues los múltiples secreteos eran ostensibles. Digan que por mi experiencia teatral no pudieron amilanarme fácilmente, aunque seguirían intentándolo.
Algunas disgresiones:
En los instructivos previos a nuestra salida como instructores al interior de nuestro país figuraban el respeto a los locales, más que nada para prevenir esa tirria natural contra los arquetípicos porteños. Razonable, por un lado (hay cada uno…) pero por el otro sin un ápice de conocimiento “in situ” de las distintas idiosincrasias. O sea: No teníamos que llamar mucho la atención, pero el traje era insoslayable. (En este caso, un sinsentido rayano en la más porteña de las pelotudeces.)
Me presento, me entrevisto con el Gerente de la sucursal y pactamos el horario del curso. Empezamos mal:Les interrumpiría la siesta.Los bancarios trabajan muchas horas más que las de atención al público, en Sarampa, por ejemplo, abrían de 7:30 a 12:30, se iban a sus casas y volvían tipo 17:00 para seguir con las tareas hasta aproximadamente las 20:30, 21:00 hs. Y yo tenía que dar seis horas de curso diarias, durante cinco días.
Para una sucursal grande no hay problemas, porque los empleados son más y se van pasando entre ellos los conocimientos, pero en lugares como Sarampa, al curso debían asistir TODOS. O sea que llegué a cagarles no solo la siesta, sino también la vida.De todas formas subyacía en los alumnos (del gerente hasta el ordenanza) un profundo entusiasmo por efectuar el curso. Una a mi favor (¡por fin!).
Debería volver alrededor de las 15:00 y comenzar con el curso, en el que irían rotando todos, mientras iban terminando sus tareas, que por cierto, no se interrumpían a no ser que quisieran quedarse a vivir en la sucursal.
Volví al hotel.
Empapado (y no llovía).
Nueva ducha.
Letargo. Almuerzo liviano (de verdad).
Letargo. Nueva ducha.
Traje. Maletín. Calle.
La única imagen que se me ocurre para describir la sensación de salir a esa hora (14:45) es la de entrar a una inmensa olla llena de caldo bien caliente.
Ni un alma en la calle.Menos en la plaza doble.Pero esa sensación de que te están mirando, corroborada por los inconfundibles movimientos de las cortinas en las ventanas.
El gordito estoico llama a la puerta de la sucursal y cuando le abren es blanco de las más enérgicas y entendibles carcajadas por parte de los asistentes.
Todos, pero TODOS, en remera, short y ojotas, con el aire acondicionado a full.
Se imaginan que al día siguiente era uno más. No debieron hacer mucho esfuerzo para convencerme.
Sigo más tarde y les aseguro que de Sarampa todavía no conté lo mejor.
Hoy estaba por escribir, indignación mediante, nuevamente sobre un caso de violación de una mujer discapacitada mental y el aborto.
Fue en Bahía Blanca, donde un juez de la Nación ordenó no practicar el aborto terapéutico que rige el Código Penal. Los motivos: una carta de un par de católicos ultramontanos.
La rápida acción de la fiscal logró la nulidad de la orden del juez de marras, en un rápido fallo de segunda instancia.
El caso: Una joven de 18 años, insana, violada por familiares. Como dijo la fiscal, un caso de manual.
En el hospital Penna de Bahía Blanca estaba todo preparado para la intervención. Esta vez, salió como marca la ley.
Preguntita:
¿Nadie le va a explicar al Juez que su intervención era ILEGAL?